Un Viaje Emocionante

 

Aina Farias Martorell nos adentra en una aventura, una historia de superación, de retos y de autoconocimiento.

¿Por qué?

 

Siempre he pensado que detrás de muchos cuentos, hay una historia que les ayuda a ser contados.

 

Cuando eres madre te das aún más cuenta de lo importantes que son los cuentos. Aunque, para mí, siempre lo han sido. Como maestra, siempre había escrito cuentos para mis alumnos.

Cuantas veces hemos escuchado la importancia de trabajar la comprensión lectora, pero yo iría más allá y diría: que importante es trabajar la comprensión lectora relacionada con las vivencias del aula.

 

 

Un cuento, relacionado con ese conflicto que hemos tenido en el patio, nos ayudará a trabajar esta competencia, pero también la competencia social y cívica y la inteligencia emocional, entre otros aspectos. Obviamente, es muy difícil escribir un cuento para cada situación, por eso también hay que hacer una buena gestión de los recursos que encontramos. Hasta entonces, así funcionaba yo, escribía breves relatos, buscaba recursos online o versionaba cuentos para adaptarlos a las necesidades de mis alumnos y alumnas.

 

 

 

Mi hijo Raúl, con solo tres añitos, estaba pasando un momento complicado. Acababa de tener una hermanita, pero algo parecía no ir bien con ella, él la veía muy diferente a la hermanita de su amigo, con la cual solo se llevaba unos días. Y sí, era cierto, algo era diferente en Candela. La pequeña presentaba retraso en el desarrollo motor y todo esto después de una anoxia postnatal. Por este motivo se activaron las alarmas en nuestra familia. Esta nueva situación implicó: revisiones pediátricas quincenales, pruebas médicas, sesiones de fisioterapia, ejercicios en casa y sí, unos padres preocupados y muy dedicados a la pequeña.

 

El pequeño era consciente de la situación, de hecho recuerdo un día en el cual me preguntó si su hermana iría en carro con ruedas grandes como Celia (seguidamente explicaremos quien es Celia). Jamás dejamos de responder una pregunta del pequeño, pero la situación no era fácil para ninguno de nosotros. Después de un problema en la escuela, el niño empezó a mostrar miedos, inseguridades y mucha rabia. No quería ir a la escuela. Eran demasiadas cosas y parecia que la situación nos sobrepasaba a todos. Ninguno estábamos haciendo una buena gestión de nuestras emociones. Este fue el momento, donde yo como madre necesitaba encontrar la manera de ayudar a mi pequeño.

Las reflexiones, el cariño y la comprensión eran importantes, pero no bastaban.

 

 

Pensé que me faltaba el cuento, pues que importante era para nosotros en ese momento tener un cuento para poner en orden la emociones de Raúl e incluso las nuestras como padres.

 

Como no lo encontré, lo escribí.

 

Fue una noche sin dormir, delante del portátil en el comedor de casa. A la mañana siguiente, empecé a contarle el cuento a Raúl, como parte de la rutina antes de ir a la escuela. Nos quedamos en la emoción del miedo y la gestión que hacen los protagonistas de esta. Él fue consciente de como se sentía, que le estaba provocando el miedo y que necesitaba recuperar la seguridad. Ese día fuimos a la escuela sin llorar. A medio día, le acabe de contar el cuento y poco a poco, lo hemos ido contando más veces. Tenía a mi pequeño atento y feliz escuchándome, empezaba a relacionar las emociones con el estimulo que las producían y la respuesta corporal ante estas, pero, había más, también entendía las sensaciones y sentimientos que desencadenaban.

 

 

A través del cuento, se entendía más a si mismo y a nosotros. En casa no lo podíamos negar, hablábamos de preocupación, pero teníamos miedo, esos miedos nos producían nervios, inseguridad, rabia y el día a día no era fácil. Pero seguíamos comunicándonos con respeto, cariño y comprensión, pero nuestro cuento nos ayudaba mucho, era un pilar esencial para poner entender nuestra emociones.

 

 

 

En aquel momento era tutora de 1º y 2º de primaria en una maravillosa escuela rural. Después de un conflicto entre mis alumnos vi la oportunidad de introducir el cuento y también con mis otros pequeñajos funcionó.

 

Les encantó y a partir de ahí hicimos dos representaciones teatrales de este.

Fue genial escuchar como argumentaban sus emociones con ejemplos del libro como:

 

“Estoy enfadado como Bip-Bip cuando María le quita la antena”

“Tengo miedo de pasar a tercero, esto me produce nervios, pero me puede la curiosidad, como a María en el cuento”.

 

El tiempo pasaba y el cuento gustaba.

 

 

Esta es la historia que da sentido a este cuento, “Un viaje emocionante”. Mis beneficios como autora son para la asociación MEF2C. Es un libro solidario porque debe serlo.

 

 

Estas familias necesitan financiar la investigación para poder ayudar a sus hijos y con este hecho siento total empatía.

 

  • @ainafarias

 

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