Entrevista a José Ramón Martínez Riera. PREMIOS EDUCA ABANCA 18.

José Ramón Martínez Riera: galardonado en los “PREMIOS EDUCA 2018” Universidad.

 

1. Antes de estar nominado, primero debes ser propuesto por las personas que te rodean y confían en tu trabajo, ¿cuál crees que han sido las razones que han llevado al alumnado, a compañeros/as y a las familias a presentar tu candidatura a los premio Educa?

En mi caso han sido las/os estudiantes quienes me propusieron. Posiblemente fueran ellas/os quienes mejor podrían responder a esta pregunta, pero supongo que algo les habré aportado cuando han decidido realizar la propuesta. Es cierto que trato de establecer una relación cercana y, sobre todo, muy participativa, para animarles a que piensen, duden, interroguen y cuestionen. Quiero pensar que esas han sido las razones que les impulsaron a hacerlo.

2. Uno de los criterios que influyó en la decisión final del jurado fue la realización de actividades innovadoras en tu aula, ¿qué es para ti la innovación educativa?

Para mí la innovación consiste básicamente en huir de la rutina y de la “inoculación” de conocimiento vía power point tipo karaoke. Son muchas las posibilidades. Yo, por ejemplo, utilizo el cine, la hemeroteca, la realización de vídeos, el rol-playing… como herramientas de aprendizaje con las que construir, de una manera participativa, el conocimiento a partir de determinados conceptos de base, que propicie el análisis, el pensamiento reflexivo y crítico, el debate… e incluso el cuestionamiento. Ello hace que se adquieran competencias desde la práctica activa, dinámica y creativa y no desde la absorción de conceptos, ideas o pensamientos sin mayor sentido que su memorización y a los que pueden recurrir en cualquier biblioteca, página web o red social. Lo que ellos construyen, sin embargo, es único, propio y trasciende a la escucha pasiva para transformarse en cambios significativos de pensamiento y de sentimientos, que generan emociones, pero también conocimientos y competencias humanas y cercanas para ser buenos profesionales y personas.

3. Es cierto que cada vez hay más recursos tecnológicos en el ámbito educativo, y sin embargo los resultados académicos no son del todo  buenos, ¿por qué crees que esto sigue sucediendo?

Básicamente porque se siguen utilizando, con una perspectiva totalmente conductista en la que las/os estudiantes son receptores pasivos de conocimiento “enlatado”. Tragan y vomitan en un examen. La diferencia a veces tan solo está en si ese “tragar” es a través de una lección magistral de un busto parlante o a través de una sofisticada herramienta tecnológica. No son tanto los recursos de los que se dispone como la forma en cómo utilizarlos de manera creativa y, repito, participativa.

Gestionar con recursos ilimitados es sencillo e incluso aparente, pero no siempre eficaz. Hacerlo de manera eficaz, con recursos escasos, sin embargo, requiere competencias, habilidades, innovación y creatividad. Y el conocimiento también se gestiona. Se trata de racionalizar, pues, los recursos a nuestro alcance. Y si se tiene la oportunidad de contar con recursos tecnológicos, que estos no sean la excusa para que ocupen el lugar que siempre debe ocupar el profesor motivado, implicado y comprometido con la docencia.

 

Nunca, la tecnología, podrá suplir a un excelente profesor.

Porque nunca la tecnología podrá enseñar con los sentimientos y emociones.

 

4. ¿Cómo sería en tu opinión, el maestro ideal y el contexto educativo innovador ideal?

Para mí el profesor ideal es aquel que no parte de ideas preconcebidas, de planes estandarizados o ideas sistematizadas. Que identifica necesidades de aprendizaje, las consensua y facilita, coordina, articula los recursos disponibles para lograr, en primer lugar, despertar el interés y la atención en las/os estudiantes y a continuación favorece la implicación activa, el compromiso y la participación en la generación de un conocimiento práctico y aplicado a dar respuesta a dichas necesidades de aprendizaje.

Pero es cierto que para ello también es importante contar con un contexto educativo abierto, ágil, dinámico y libre de encorsetamientos académicos en los que la nota prevalece sobre la adquisición de conocimiento y el expediente sobre la ilusión por aprender. En el que las/os estudiantes sean tratados como tales y no como clientes. Que se sientan parte de un entorno saludable, identificado como un espacio de participación activa que genere sensaciones positivas y no como un lugar en el que actuar únicamente como espectador pasivo en una disposición que no favorece ni la atención ni la intención, ante discursos académicos que se requiere memorizar para el “fatídico” examen.

 

La obtención de un magnífico expediente no garantiza que se vaya a ser un buen profesional.

 

Es como estudiar para sacarse el carnet de conducir. No aprendes a conducir sino a aprobar el examen para tener el carnet. Pero la dinámica social que prevalece es la de los títulos y las notas. Como si ellos otorgasen las competencias para ser una buena enfermera, ingeniero, biólogo o abogado. Y es que ser enfermera, ingeniero, biólogo o abogado es fácil, tan solo es cuestión de aprobar los exámenes. Otra cosa es ser profesionales competentes y responsables.

 

 La Universidad se ha convertido en una expedidora de títulos con los que obtener ingresos y cuantos más títulos más ingresos, es decir, ha mimetizado el mercantilismo que nos rodea y domina.

 

5. Dedicas tu vida a ‘escuchar a los niños o adolescentes’, ¿cuáles son las cosas más interesantes que has aprendido de ellos?

Todos los días aprendo cosas nuevas. Cuando se escucha, no solo se oye, y se observa, no solo se mira, con interés, es fácil obtener aportaciones muy interesantes. Yo lo primero que hago cuando entro en la clase es preguntarle a alguna/o de las/os estudiantes ¿cómo se siente? Inicialmente la respuesta es la que marca la norma de urbanismo, bien. Cuando les digo que bien no significa nada ya que no determina ningún sentimiento real, empiezan a ponerse en alerta y ya responden con sensaciones más cercanas a su estado de ánimo, de interés o de bienestar… “cansado”, agobiado”, feliz”, “expectante” … esto permite que empiecen a cuestionarse cosas a pensar, a compartir y por lo tanto a identificar que les importas. Y entonces son capaces de trasladarte sus inquietudes, sus posicionamientos, sus reservas… lo que favorece que surja de ellas/os planteamientos creativos, innovadores… que siempre aportan cosas nuevas con las que enriquecerse y aprender. Por lo tanto, se entra en una dinámica de trasvase permanente y bidireccional de aprendizaje. Porque lo que está claro para mí tan solo lo está para mí, necesito contrastar y conocer si su realidad coincide con la mía y a partir de ahí valoramos respuestas, apuestas y suposiciones que contribuyan a crear, entender y comprender para aprehender y aprender de manera consensuada. Es ciertamente muy apasionante. No entiendo la docencia de otra panera que no sea desde la pasión por aprender y compartir.

6. Vamos a situarnos en la alfombra roja, como en los Óscar de Hollywood, ¿a quién dedicarías el premio y por qué?

Aunque pueda parecer muy retórico a las/os estudiantes. A todas/os sin excepción. Porque ellos son la razón de la docencia y de que existan docentes. No es posible sin ellas/os. Ni tan siquiera cuando la docencia es on line. Siempre es imprescindible su presencia y su esencia. Su interés y sus dudas. A través de ellas/os y con ellas/os adquiere sentido el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Pero también al hecho de ser enfermero. En la Universidad quienes actuamos como docentes no hemos estudiado para serlo. Lo somos por nuestra condición de profesionales, de cualquier disciplina. Por eso yo nunca digo que mi profesión es la de Profesor. Soy enfermero y ello me ha permitido ser profesor, trabajar como tal y, por tanto, tengo que agradecer siempre la oportunidad que ser enfermero me ha dado de dedicarme a la docencia, desde la que también tengo la oportunidad, como enfermero, de cuidar, generar autonomía y facilitar que las/os estudiantes sean responsables de su propio proceso de aprendizaje como hacía con las personas a las que atendía en el Centro de Salud.

En definitiva, siempre he estado próximo a la docencia, ya fuese en una consulta, en un domicilio, en una escuela o, como es el caso actual, un aula universitaria. Y de una u otra forma contribuyendo a potenciar y mantener la salud, física, psicológica o espiritual.

Por último, a quienes me han enseñado y han sido referentes docentes desde mi infancia hasta ahora. Desde mi madre, mi yaya, mis maestros de primaria tan importantes y tan poco valorados, mis profesores de instituto y universidad y algunas/os compañeras/os que me trasladaron el sentimiento de respeto y estima hacia la docencia como un acto de generosidad, de compromiso y de compartir. No me atrevo a decir que eso sea vocación, pero sí que es atracción. Tampoco me atrevo a decir que sea un arte, pero si un placer. Así lo siento y así trato de transmitirlo.

 


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