Entrevista a Rafael Bailón Ruiz. PREMIOS EDUCA ABANCA 18.

Rafael Bailón Ruiz: galardonado en los

“PREMIOS EDUCA 2018”

Educación Secundaria

 

1. Antes de estar nominado, primero debes ser propuesto por las personas que te rodean y confían en tu trabajo, ¿cuál crees que han sido las razones que han llevado al alumnado, a compañeros/as y a las familias a presentar tu candidatura a los premio Educa?

Desde que comencé mi andadura o trayectoria profesional en el maravilloso mundo de la educación, he sentido el cariño de mi alumnado. Existe una complicidad entre profesor y alumnado. De la misma forma, las familias también valoran positivamente mi trabajo.

A mi juicio, en ocasiones el proceso interaccional profesorado- alumnos falla por factores diversos. No podemos obviar que nuestros alumnos a veces son tratados como “entes” o “sujetos pasivos” (hemos de hacer autocrítica y no convertir a los destinatarios de nuestras enseñanzas en simples receptores de información).

 

2. Uno de los criterios que influyó en la decisión final del jurado fue la realización de actividades innovadoras en tu aula, ¿qué es para ti la innovación educativa?

Innovar significa o debería conllevar “mejorar una situación”. Es aplicar ideas que supongan resultados. En este sentido, la novedad debe llevar aparejada “eficiencia”, mejorar el aprendizaje del alumnado (para ello hemos de captar el interés de nuestros destinatarios). Siguiendo una premisa latina, nuestras clases deberían responder a tres objetivos: “docere, delectare et moveré” (enseñar, deleitar e implicar).

 

3. Es cierto que cada vez hay más recursos tecnológicos en el ámbito educativo, y sin embargo los resultados académicos no son del todo buenos, ¿por qué crees que esto sigue sucediendo?

 

Nuestro modelo educativo debería ser eficaz, eficiente, transferible y sostenible.

 

La tecnología debe ser un instrumento o herramienta y no una excusa o una “falsa fachada” con la que podamos presumir como docentes de “modernos”.

Resulta curioso observar a docentes que muestran, orgullosos, sus novísimas tabletas en las que alojan los más modernos cuadernos digitales (ello ayuda a recoger la información del progreso de nuestros alumnos), pero son incapaces de usar portales o plataformas que facilitan un trasvase de información con los padres. En este sentido, no empleamos instrumentos que únicamente requieren introducir nuestras claves y dedicar unos minutos a la necesaria tarea de informar e implicar a todos los miembros de la comunidad educativa.

Mejoremos el proceso de enseñanza-aprendizaje en las aulas   y usemos los recursos tecnológicos dentro del aula. Si hacemos atractiva nuestra materia, la actitud y el rendimiento académico mejorarán considerablemente.

Así, no se trata de desechar el método tradicional y sí de incorporar nuevas metodologías o compaginar ambas. Hemos de decidir qué escoger y cómo ponerlo en práctica (cada alumno, al igual que cada grupo, necesitan de un proceder concreto y distinto).

Como ejemplo de práctica educativa positiva, puedo reseñar el uso de la radio dentro y fuera del aula (introducir a mis alumnos en el maravilloso y creativo mundo radiofónico ha resultado muy satisfactorio). Con el empleo de la radio como herramienta, he podido sumar más contenidos al currículo, así como alcanzar importantes logros en relación a competencias lingüísticas orales).

Cada miércoles conduzco un programa en horario de 16:30 a 17:30 h centrado en el fomento de la lectura y la educación en valores, participando activamente los alumnos en el diseño de secciones y contenidos.

 

4. ¿Cómo sería en tu opinión, el maestro ideal y el contexto educativo innovador ideal?

A mi juicio, el profesor debe ser orientador o guía del aprendizaje. Es el alumno quien debe tomar el protagonismo. Abogo por un cambio de metodología que imprima un nuevo ritmo a las clases. Necesitamos innovar en el aula, conectar con la realidad de nuestro alumnado en pro de mejorar la actitud y el rendimiento.

En este sentido, es necesario también otro contexto. Vemos centros con conectividad limitada y escasamente preocupados por nuevos enfoques o prácticas. De la misma forma, considero necesario proceder a evaluar externa e internamente los diferentes métodos de trabajo en los que empleamos las TIC (los primeros que deberían evaluar si esas prácticas funcionan o no son nuestros alumnos).

Para llevar a cabo estas mejoras, deberíamos empezar por conocer a nuestro alumnado: ¿sabemos qué les preocupa?  ¿conocemos sus inquietudes?

Además del empleo de las TIC, considero fundamental la transmisión de valores dentro y fuera del aula. Hemos de educar por y para el diálogo (el alumno debería empatizar, convencer sin imponer, respetar opiniones distintas a las suyas,…). Contribuir a la socialización y a una formación integral (ser capaces de ir más allá de la mera impartición de contenidos) debe convertirse en una de nuestras máximas.

No olvidemos que nuestros pupilos imitan lo que ven (por esta razón educar en valores, desde una edad temprana, resultaría muy positivo).

 

El docente debe convertirse en escultor, “moldear” las actuaciones de sus alumnos.

 

Posibilitemos la creatividad en todos los niveles educativos, así como la participación dentro y fuera del aula.  Generar experiencias que ayuden a una transformación social, partiendo de la motivación, nos permitirá observar importantes mejoras (tanto a nivel conductual como en lo concerniente al rendimiento académico).

Si somos capaces de motivar, el alumnado mejorará.

 

5. Dedicas tu vida a ‘escuchar a los niños o adolescentes’, ¿cuáles son las cosas más interesantes que has aprendido de ellos?

De mis alumnos he aprendido y sigo aprendiendo cada día.

 

Me encanta ver la vitalidad que muestran, el corazón o las ganas que ponen en muchas cosas que hacen.

 

Por otro lado, tienden más a expresar sus emociones si hacemos una comparativa con los adultos.  Ellos disfrutan de cada momento, viven el ahora mostrando una sonrisa y evadiéndose de los problemas (es necesario tomar o asumir responsabilidades, si bien resulta también muy positivo poner al mal tiempo buena cara).

 

6. Vamos a situarnos en la alfombra roja, como en los Óscar de Hollywood, ¿a quién dedicarías el premio y por qué?

A mi familia, alumnos, y, por supuesto, a mi hija Sofía.

Mis seres queridos siempre me han apoyado en todo lo que hago, mientras que mis alumnos son los destinatarios de todas y cada una de las prácticas o proyectos educativos puestos en marcha.

 


 

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