Miguel Sandín, autor de “Lazarillo de Torpes”.

“Quienes ven el oficio de educador desde fuera tal vez no alcancen a comprender que nuestra vida no se limita a soltar charlas sobre una materia en la que somos expertos y corregir exámenes entre unas vacaciones y las siguientes”.

Miguel Ángel Martín Sandín, profesor de filosofía  en el  Centro Salesianos San Miguel Arcángel de Madrid con más de 30 años de experiencia y escritor de numerosas novelas, entre las que se encuentra “El Lazarillo de Torpes”  (humor y acidez en el día a día de un instituto, donde deberá enfrentarse a adolescentes sobrehormonados capaces de hacer cualquier pregunta).

Profesor, escritor, amante del teatro… Si tuvieras que elegir un momento de tu vida profesional ¿con cuál te quedarías?

Con hoy… Es una forma de hablar, el caso es que estoy convencido de que conviene disfrutar siempre el presente para sacarle el mayor provecho posible. Desde hace años compagino la docencia y la creación literaria, cierto es que echo de menos el teatro pero es imposible abarcar tantas actividades y llevar una vida familiar, así que se imponen prioridades y es preciso elegir.

¿Por qué escribes? ¿De dónde sacas el tiempo?

A la primera pregunta es imposible responder de una forma coherente, así que lo haré de manera instintiva: porque crecí leyendo, porque de no hacerlo iría al psicólogo, porque es de las pocas cosas que disfruto haciendo, porque si un día no lo hago me siento confuso y extraterrestre…

El tiempo lo saco escarbando ratillos cada tarde en los días laborables y sobre todo madrugando mucho durante fines de semana o vacaciones. A las siete de la mañana ya estoy dándole a la tecla.

De las 5 novelas que preceden a esta ¿con cuál te quedarías? ¿Tienes planes para el futuro como escritor?

Estoy convencido de que para todo escritor que se precie cada libro es como un hijo y no es de recibo que un padre priorice a uno sobre los demás. Quiero a todos porque El Gusano del mezcal me abrió las puertas de la publicación, Expediente Pania me hizo entrar en el mundo de la literatura juvenil. Por si acaso te escribí fue finalista del Premio Nadal 2015 y El hermano del tiempo consiguió que escribir se convirtiera en una experiencia muy divertida. En cuanto a El Lazarillo de Torpes por ser el que acaba de nacer me parece que necesita más cuidado y ya estoy pensando en La Tripulación del Utopía, una novela en la que mezclo humor y filosofía (difícil combinación) y que la editorial Pez de Plata tendrá el riesgo de publicar en enero.

¿Qué piensas de la educación actual? ¿Qué mejorarías de nuestro sistema educativo?

Llevo treinta años impartiendo clase y he advertido el mismo deterioro generalizado que casi todos los que nos dedicamos desde hace tiempo a esta profesión. Creo que hay un antes y un después de la implantación de la LOGSE, ya que todas las leyes que se han promulgado más tarde, ya sean leyes orgánicas o decretos ley, no han sido sino matices sobre ella. No soy un derrotista, constato que siguen existiendo alumnos aplicados que se esfuerzan seriamente en su formación, pero siento que se ha perdido nivel de exigencia dentro de las aulas en la medida en que este ha aumentado en el mundo exterior y si la escuela no prepara para la vida pierde toda función.

En cuanto  qué mejoraría, estas son algunas de mis pocas convicciones tan subjetivas como cuestionables:

Urge un Pacto Nacional de Educación: es absurdo modificar leyes cada cuatro años, pues de este modo resulta imposible saber si llegan a funcionar.

Aparcar la dialéctica pública-concertada. El Estado debe preocuparse de mejorar la pública para conseguir que sea deseable para las familias y esto no lo va a lograr con el actual modelo de oposición ni trasladando profesores cada año hasta que los claustros quedan irreconocibles de un curso para el siguiente. Si consideran necesario evaluar a los profesores de la concertada que lo hagan.

Desterrar esa obsesión por el bilingüismo. NO ESTÁ FUNCIONANDO.

No existen modelos educativos perfectos. El mejor es el que funciona y no todos funcionan igual dependiendo del tipo de alumnado: flexibilidad, cintura intelectual.

El más importante, aportado por San Juan Bosco: educar es una “Cuestión del Corazón”. Si quien se dedica a  esto lo hace solo para ganar un sueldo que busque otro trabajo.

Elige una palabra, tu centro: ¿favorecedor o limitador?

Favorecedor

Si estuviera en tu mano cambiar algo en la educación actual, ¿qué cambiarías?

Creo que he anticipado esta respuesta hace dos: La educación de nuestros jóvenes es tan importante que no puede dejarse en manos de los políticos, un comité de expertos y profesores en activo haría leyes mucho más sensatas.

Personalmente reduciría la ratio de alumnos por aula a 20 como máximo; potenciaría las Humanidades (Filosofía, Arte, Latín) porque dan cuerpo y sentido a todo lo que se aprende; fomentaría los talleres y los proyectos (sin limitar a ellos todo el aprendizaje) porque aportan creatividad a jóvenes que deberán enfrentarse a un mundo en constante transformación y, por último, buscaría mecanismos para dignificar la profesión ante la sociedad.

¿Qué te impulsó a escribir tu último libro “El Lazarillo de Torpes?

Escribo desde que tengo uso de razón y me dedico a enseñar desde que me incorporé a la vida laboral. Hasta ahora ambas dimensiones habían corrido en paralelo, pero desde La Esfera de los Libros me propusieron unir ambas facetas y desarrollar una mirada divertida sobre el día a día de un profesor de instituto. La idea me resultó tan tentadora que no supe negarme. Además, observo mucha crispación en este oficio y pensé que tal vez una mirada jocosa contribuyera a relajar los ánimos de cara al curso que empieza.

¿Qué características debe tener un líder educativo?

Con dos basta. Cuantas más se añadan mejor, pero sin estas dos no hay posibilidad de liderazgo alguno sobre los jóvenes:

  1. Coherencia: No ven lo que les cuentas tú, ven lo que les cuentas A TRAVÉS DE TI; por lo tanto, si dudan de ti, de tus decisiones, de tus acciones, de tus palabras… dudarán de todo lo que transmites. Da igual si eres duro, simpático, agradable, serio, exigente… Has de serlo siempre, porque ellos necesitan una referencia como nosotros necesitamos saber que la luz se va a encender cuando pulsamos el interruptor. Lo necesitan de nosotros tanto o más que de sus padres, porque nosotros no contamos de entrada con la innegociable empatía de familia.
  2. Amor: Ojo, no ese amor tonto de sobarles la espalda por el pasillo y ponerles gesto de que te importan. Es que te importan. Quieres que progresen, ves cómo pueden hacerlo y les encauzas hacia allí.

No son torpes. Notan todo. Somos transparentes a sus ojos. Que lo que vean sea interesante.

Si tuvieras que crear un “club educativo” ¿a quién invitarías?

No sé si he entendido bien la pregunta, pero me permito pensar que lo deseable sería una estrella de cinco puntas: padres, alumnos, profesores, políticos y medios de comunicación.

¡Obligados a ponerse de acuerdo!

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