Entrevista a Alfredo Corell Almuzara. PREMIOS EDUCA ABANCA 18.

 

Alfredo Corell Almuzara: ganador en los

“PREMIOS EDUCA 2018”

Univerdidad.

1. Antes de estar nominado, primero debes ser propuesto por las personas que te rodean y confían en tu trabajo, ¿cuál crees que han sido las razones que han llevado al alumnado, a compañeros/as y a las familias a presentar tu candidatura a los premio Educa?

Creo que los estudiantes universitarios han valorado sobre todo el esfuerzo. Cada año intento mejorar, aprendiendo de errores pasados (y para poder hacer este proceso, cuento con su opinión). Rompiendo la rutina en las aulas de la facultad, creo que he conseguido que finalmente se sientan protagonistas en el proceso del aprendizaje, y no unos meros receptores de la información.  Utilizo (en función de las actividades de aprendizaje) diversas herramientas tecnológicas; y también las redes sociales; pero además los estudiantes son protagonistas del Congreso de Inmunología que hacemos cada año, en el que presentan, en público, su trabajo en equipo. Y también cada curso, con motivo del día internacional de la inmunología, salimos a un céntrico pub de Valladolid a “tomar cañas con las defensas”. En esta actividad son ellos los que presentan vídeos divulgativos para todos los públicos.

En resumen, creo que estas actividades han servido para un mejor aprendizaje, pero también para conectar más y mejor con los estudiantes. Además, según me han dicho ellos mismos, me han propuesto a este premio algunos estudiantes virtuales, a quienes no he conocido cara a cara. En este caso, el mérito lo tienen las “Inmunopíldoras” que son unos minivideos de aprendizaje en los que están estructurados los contenidos de las asignaturas de Inmunología básica, útiles para carreras universitarias biosanitarias. Estos vídeos se han reproducido en torno a los 3 millones de veces.

 

 

 Youtube me ha abierto la ventana a muchas casas de España y de diversos países de Iberoamérica.

 

2. Uno de los criterios que influyó en la decisión final del jurado fue la realización de actividades innovadoras en tu aula, ¿qué es para ti la innovación educativa?

Innovar es todo cambio en el paradigma clásico de las actividades docentes, siempre y cuando vaya acompañado de mejoras sustanciales en el proceso en que estemos tratando; en este caso el proceso educativo. Una de las cuestiones que he trabajado ha sido un rediseño para la mejora de las denominadas “clases magistrales”. No creo que haya que denostarlas; pero sí que habría que darles una vuelta de tuerca y mejorarlas (incluyendo una evaluación online, por ejemplo; o incorporando un debate o el uso de una red social para retransmitirlas). Pero más allá de lo convencional, la innovación no es sinónimo de la tecnología sino de nuevas metodologías (aula inversa, aprendizaje basado en casos, redes sociales, etc.).

 

Innovar por innovar -sin un guion o estrategia clara- es como hacer un precioso envoltorio de regalo para una caja vacía; no tendría sentido.

 

Para poder innovar, hay que perder el miedo escénico (los profesores estamos muy atados a un rol concreto, que se convierte en nuestra zona de confort y del que nos resulta muy difícil salir); innovar es reinventarse, querer mejorar, intentar conseguir el APRENDIZAJE con mayúsculas. Y esto sólo se logra cuando hay emoción. Para emocionar a los estudiantes hay que emocionarse…

 

Así que innovar es uno de los actos más humanos que podamos imaginar: sin emoción no tendría sentido, así es como yo lo siento.

 

3. Es cierto que cada vez hay más recursos tecnológicos en el ámbito educativo, y sin embargo los resultados académicos no son del todo buenos, ¿por qué crees que esto sigue sucediendo?

Pues es que la tecnología no es ninguna panacea, no resuelve nada por sí sola. Es tan sólo una herramienta, no un fin. Lo que también es cierto es que la tecnología nos facilita muchísimo la vida a los docentes. Por ejemplo, una clase inversa sin herramientas tecnológicas sería muy compleja de organizar.

Pero en el colectivo del profesorado (sobre todo en quienes, como yo, pasamos de los 50), la tecnología nos ha arrollado, literalmente. Los estudiantes están mucho más capacitados que nosotros en el mundo digital, y eso a un profesor le produce un cierto miedo escénico. Tenemos que dejar de verla como un enemigo a batir, y convertirla en un aliado del aprendizaje.

 

 

En ningún caso se deberían relacionar los resultados académicos con el nivel de desarrollo tecnológico.

 

Tuvimos, en el pasado, excepcionales maestros en nuestra historia; adaptados al momento en el que vivieron, y que emocionaron -y por lo tanto estimularon- un aprendizaje máximo en sus alumnos. Así que los resultados se deberían ligar más a las metodologías que a las tecnologías. Y esto difícilmente se puede hacer en solitario. Tenemos que rehacer la estrategia docente, y conseguir un gran pacto por la educación en este país que se traslade a todos los niveles educativos.

 

Sueño con un día en que consigamos que los maestros y profesores sean de nuevo esos profesionales respetados que fueron antaño (y que siguen siéndolo en otros países); que fuera la profesión más deseada y reservada, realmente, para los más vocacionales y preparados.

 

Conseguir esto requiere mucho esfuerzo, y la contribución de muchos actores que intervengan en el proceso educativo. Serán quienes sean capaces de emocionar emocionando. Y esto no va a suceder a golpe de campus virtual.

4. ¿Cómo sería en tu opinión, el maestro ideal y el contexto educativo innovador ideal?

El maestro ideal es justo el que se equivoca, el que se cuestiona. Se aproximarán a ese ideal quienes sepan adaptarse a su entorno concreto, a su grupo de estudiantes, con sus peculiaridades, con sus diferencias. Aquellos que sepan educar en la tolerancia, el respeto, los principios y libertades; desde la diversidad.

También tendría que ser un poco quijote, dedicándose apasionado a su profesión e inmune a las críticas -que le lloverán- de su entorno más próximo. Y tendría que tener capacidad de autocrítica. En el proceso de enseñar, todos nos hemos equivocado en alguna ocasión. Tenemos que asumirlo con humildad y reinventarnos. Y para hacer autocrítica tenemos que preguntar a nuestros “clientes” y saber cómo nos están percibiendo.

Así que, a la larga, si es que existe el maestro ideal, sería quien consigue que los estudiantes se sientan los protagonistas del proceso educativo; quien consiga que sus alumnos cojan por los “cuernos” las riendas de su propio aprendizaje.

5. Dedicas tu vida a ‘escuchar a los niños o adolescentes’, ¿cuáles son las cosas más interesantes que has aprendido de ellos?

En mi caso, los estudiantes universitarios ya son mujeres y hombres. A veces tengo la impresión de que cada año vienen más “verdes” e inmaduros, pero siempre -en cada curso- hay algún estudiante que me vuelve a poner de patitas en la realidad y me hace darme cuenta de que, cada año, la gran diferencia es que soy uno más mayor.

En el caso de los estudiantes de ciencias de la salud (como enfermería y medicina) hay que entender que sólo llegan aquellos que han sido excepcionales en sus calificaciones. Esto a veces juega a favor, pero otras en contra. Una de las cuestiones que cada año me conmueve es su tenacidad por conseguir sus sueños. Si lo pensamos fríamente, resulta terrible que estos estudiantes tan “excelentes” como los que llegan a medicina y enfermería, se jueguen finalmente a una carta (el examen MIR, EIR, BIR, etc.) el futuro profesional soñado. E igual de terrible es, que muchos otros que tuvieron una grandísima vocación no llegaron a cursar estas carreras, porque no alcanzó su nota.

El juego a una carta a veces falla. Estos últimos años lo he visto muchas veces. Y ves como brillantes chicos y chicas de este país, se encierran otro año entre cuatro paredes y repiten la prueba hasta 2 o 3 veces para alcanzar la nota que les permitirá formarse en la especialidad de sus sueños. Una exalumna se ha ido a Alemania para poderse formar en Cardiología, porque la nota de corte en España, después de dos intentos, se le resistió. Y en su cabeza no cabía otra opción que ser cardióloga (allí se ha mudado con su familia al completo). ¡No me digáis que no es tenacidad y espíritu de sacrificio!

Pero los estudiantes también me enseñan cuestiones mucho más simples en el día a día en las aulas, como la honestidad. Hace unos años detecté un plagio elevado en los trabajos que me presentaron varios equipos. Una vez publicadas las calificaciones, la inmensa mayoría vinieron a verme para reconocer el plagio, pedir disculpas y rogar una segunda oportunidad. Pero lo excepcional ocurrió con uno de los equipos: vinieron a verme 3 de sus 4 componentes y me reconocieron que efectivamente habían plagiado, pero que el cuarto no, que a él -por favor- no le suspendiera, aunque suspendieran los otros tres. Aquel detalle de honestidad me conmovió profundamente, que además fue vital para que el cuarto integrante sacase Matrícula de Honor en la asignatura.

6. Vamos a situarnos en la alfombra roja, como en los Óscar de Hollywood, ¿a quién dedicarías el premio y por qué?

Tengo mucho que agradecer y a muchas personas. Estas carreras de fondo, rara vez se pueden conseguir solo.

Si estás solo, te mueves más rápido, pero si vas equipo llegas mucho más lejos.

Así que estar hoy aquí es posible, sin ninguna duda, gracias a los estudiantes, tanto a los que me han propuesto para este premio como a muchos cientos de ellos que han participado de mis locuras todos estos años en la universidad y en las redes sociales.

Por otra parte, estoy muy agradecido a los promotores de estos premios EDUCA. Con independencia del precioso diseño del proceso de nominación, habéis conseguido que se hable de educación en este país, durante semanas. A todos los niveles: local, regional, nacional. Alcaldes, consejeros, medios de comunicación… las buenas prácticas han ocupado y ocupan titulares en todo el país.

Sin duda tengo que dar las gracias a mi familia y a mis amigos. Siempre han creído en mí, a pesar de que a veces mis esfuerzos hayan reducido los ratos que podía compartir con ellos. Estoy agradecido a la Universidad de Valladolid, que ha contado conmigo para construir una docencia innovadora, de futuro y de calidad. También, les doy las gracias a algunos de mis compañeros de trabajo: esos pocos que no me han visto como un friki o un iluminado (y que leyendo estas líneas seguro que se identifican) y me han dado palmaditas de apoyo cuando han venido buenas, pero sobre todo me abrazaron cuando vinieron mal dadas.

Pero mi agradecimiento más profundo es para Vicente, mi compañero de vida, mi marido, por ser un sólido pilar en el día a día, sin el cual me caería muchísimas veces. El me ha ayudado a creer en mí, lo suficiente para que no me coman los tiburones que muchas veces me han rodeado, pero no demasiado para no devorarme yo a mí mismo.

 

Este premio va por todos vosotros. Carpe diem.

 


  • Blog: www.immunomedia.org
  • Instagram:  @alfredo_corell
  • Twitter:   @alfredocorell
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