El Juego del Despertador

 

La modificación de conducta

es un conjunto de técnicas que han demostrado ser eficaces para mejorar el comportamiento en niños.

 

La premisa desde la que parte este modelo es que los comportamientos que son reforzados tienden a repetirse en el tiempo mientras que aquellos que son castigados o no reforzados tienden a disminuir. Así, utilizando las consecuencias adecuadas en las conductas adecuadas podríamos conseguir que los comportamientos positivos aumenten su frecuencia y los negativos disminuyan.

La estrategia de “el juego del despertador”, basada en la modificación de conducta, se ha aplicado con éxito para reducir comportamientos disruptivos muy variados y en distintos contextos en niños. Uno de los ámbitos más propicios para su aplicación es el aula y a continuación describiré una de sus posibles utilidades como herramienta para el profesorado de mejora de la conducta de los alumnos.

Los programas de intervalos con márgenes limitados breves son habituales en las intervenciones para modificar la conducta en el aula ya que no se necesita observar el comportamiento de manera constante sino solamente cuando el despertador suena. Esto es importante ya que otro tipo de sistemas requieren una atención prolongada del profesor hacia el alumno, siendo imposible en una clase con 25-30 niños. Así pues, una profesora que se enfrenta a un aula llena de alumnos movidos de corta edad podría usar una adaptación del juego del despertador para reforzar el comportamiento de permanecer en sus pupitres, o podría utilizarlo también de manera individual.

 

 

  • ¿EN QUÉ CONSISTE?

El juego del despertador es un ejemplo de lo que se denomina un programa de intervalo con margen limitado, lo que significa que el niño tiene un plazo límite para cumplir el comportamiento deseado y obtener así un refuerzo. Una vez que se ha establecido una consecuencia positiva, ésta solo está disponible en un período limitado, en un margen de tiempo dentro del cual tiene que darse el comportamiento para ser premiado. En el “juego del despertador”, los chicos tienen que estar portándose bien en el preciso instante en que un despertador o alarma suene para recibir el refuerzo. En este post voy a describir la aplicación del “juego del despertador” para reducir comportamientos disruptivos de los niños en el aula, tanto de manera individual como de manera grupal, centrándonos en la conducta de abandonar la silla durante la clase.

 

  • CÓMO CONSEGUIR QUE EL NIÑO NO SE LEVANTE DE SU SILLA

El interés por mejorar la habilidad de estar sentado en clase es por el efecto que éste tiene en mejorar el rendimiento académico del niño. Vagar sin rumbo por la clase, acudir frecuentemente al baño y durante largos períodos o sacar punta frecuentemente no ayuda a mantener la atención en la clase, mientras que permanecer sentado mientras el profesor explica, sí. Aunque es posible la aplicación grupal de la técnica, en este caso voy a explicar los pasos para aplicar el juego del despertador de manera individual con un solo alumno:

 

  • Definir exactamente la conducta a reducir. En este caso, podríamos decir que se considera que el niño no está en su sitio cuando “ninguna parte de su cuerpo está en contacto con ninguna parte de la silla del niño”. No se contabilizarían entonces conductas como que el niño esté en su sitio, pero girado, o sentado de manera inadecuada. Sin embargo, si estos últimos fueran los problemas que presenta el niño podrían ser la conducta objetivo, pero siempre definiéndola con precisión.
  • 2º Explicar al niño el funcionamiento del juego: “Vamos a jugar al juego del despertador. Cada vez que el despertador suene, si estás sentado en tu silla ganarás 5 puntos, pero si no, los perderás. Vamos a jugar durante toda la clase y cuando acabe podrás canjear los puntos por algunos premios que te gusten”

Se establecen con el niño tanto los premios disponibles como los puntos necesarios para conseguirlos. Se puede elaborar un “menú de premios” con un listado de premios y su valor en puntos para que así el niño pueda elegir cada vez. Algunas opciones pueden ser: obtener puntos extra en las notas, ganar tiempo libre, recibir una nota positiva en la agenda para llevar a casa, tener menos deberes ese día para casa o poder conseguir un dibujo o un regalo, entre otros.

  • 3º Establecer un sistema de anotación de los puntos. Se puede pegar un pequeño trozo de cartulina en su pupitre con los números 5, 10, 15, 20 y 25 que la profesora irá tachando progresivamente en función de los puntos que lleve acumulados ese día por su buen comportamiento. Si ante el primer despertador el niño ha conseguido estar sentado, se tachará el 5; si en el siguiente despertador vuelve a conseguirlo sumaría 5 puntos más por lo que se tacharía el 10, y así sucesivamente.

 

Cualquier sistema es válido siempre que sea cómodo de aplicar por el profesor y que no genere una gran interferencia en el transcurso habitual de la clase.

 

  • 4º Establecer el momento y el lugar en el que se realizará el canje de los puntos por premios. Este canje debe ser diario ya que los refuerzos son más potentes cuanto más cerca están de la conducta positiva. Se puede acordar un momento al final del día o bien un sistema por el cual los premios se puedan obtener en casa. Si se elige esta última opción se deberá supervisar que los padres aplican correctamente los premios.

El juego del despertador es una técnica muy efectiva para reducir el comportamiento de los niños de estar fuera de la silla en clase. Es muy práctica porque no requiere estar observando continuamente el comportamiento; el profesor necesita solo observar el comportamiento de estar levantado de la silla en el momento en el que el despertador suena. El objetivo de los programas de intervalo variable es precisamente reducir la probabilidad de que el niño pueda predecir cuándo el despertador está a punto de sonar, por lo que necesita mantener el “buen comportamiento” durante largos períodos de tiempo.

Existen variantes muy interesantes del juego del despertador en el aula que implican a otros compañeros, o bien realizando una aplicación grupal de la técnica con varios niños con problemas de comportamiento o bien haciendo que los puntos obtenidos por el niño puedan ser disfrutados también por el resto de sus compañeros.

 

 

Si los puntos del niño van a beneficiar también a sus compañeros, éstos le recordarán inmediatamente que se siente si el niño se levanta. Si el niño rompe una punta del lápiz, es probable que un compañero se ofrezca voluntario para sacar punta por él. Si acude al baño, le recordarán activamente que se dé prisa. Por tanto, los compañeros contribuirán a regular la conducta del niño y le aportarán reforzamiento social cuando lo consiga.

 

 

  • Jonatan Molina Torres,    PSICÓLOGO INFANTO-JUVENIL
  • @jonatan_mt 
  • Facebook: Jonatan Molina – Psicólogo

 

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *